🟢 *Domingo XIX Tiempo Ordinario*
🪔 Mt 14,22-33
📖*Lectura:*
Después de que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras Él despedía a la gente.
Y después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo.
Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. A la cuarta vela de la noche se les acercó Jesús andando sobre el mar. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, diciendo que era un fantasma.
Jesús les dijo enseguida: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!».
Pedro le contestó: «Señor, si eres Tú, mándame ir a ti sobre el agua».
Él le dijo: «Ven».
Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: «Señor, sálvame».
Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: «¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?».
En cuanto subieron a la barca, amainó el viento. Los de la barca se postraron ante Él diciendo: «Realmente eres Hijo de Dios».
💬*Meditación:*
«No tengáis miedo», dice Jesús a los apóstoles, asustados al verlo acercarse caminando sobre el mar. Ellos sienten miedo, no comprenden lo que ven, pero Jesús se da a conocer y les regala una palabra de confianza.
Para reconocer a Jesús necesitamos los ojos de la fe: la fe que faltaba a los discípulos y que tantas veces nos falta también a nosotros en el camino de la vida.
Cuando Jesús sube a nuestra barca, el oleaje, el viento y la tormenta ya no tienen la última palabra. Dejemos que Él entre en nuestra vida y nos devuelva la paz.
🙏*Oración:*
Señor, también yo dudo muchas veces. Te veo en mi vida, pero no siempre confío plenamente en ti; por eso me hundo en mis problemas y no te siento en mis noches.
Tú me tiendes la mano, pero tantas veces la rehúso o busco otras manos que no me sostienen de verdad.
No te canses, Señor, de tenderme la mano. No te canses de mis debilidades, de mis negativas ni de mis dudas. Sigue acercándote a mí y sostén mi fe. Amén.

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