🟣 *Domingo I de Cuaresma*
🪔 Mt 4,1-11
*Lectura:*
En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. El tentador se le acercó y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes».
Pero él le contestó: «Está escrito: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”».
Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”».
Jesús le dijo: «También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”».
De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los reinos del mundo y su gloria, y le dijo: «Todo esto te daré, si te postras y me adoras».
Entonces le dijo Jesús: «Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”».
Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.
*Meditación:*
La Cuaresma comienza con Jesús en el desierto, lugar donde el Espíritu lo guía para enfrentar la tentación y mostrar el camino de la fidelidad. Frente a las seducciones de tener, aparentar y dominar, Jesús vence confiando en la Palabra del Padre. Así nos enseña a vivir de Dios, a confiar sin exigirle y a adorar solo a Él.
Nuestro camino cuaresmal sigue ese mismo rumbo: el ayuno libera el corazón, la oración fortalece la fe y la limosna abre a la caridad. No es un esfuerzo aislado, sino una docilidad al Espíritu que nos sostiene. En lo escondido, la gracia hace crecer una libertad nueva: la de los hijos que escuchan, aman y adoran con corazón pascual.
*Oración:*
Padre santo, bendice nuestro desierto y enséñanos a vivir de tu Palabra, confiando solo en ti.
Señor Jesús, vencedor de la tentación, graba en nosotros tu fidelidad para que sepamos confiar, renunciar y adorar con un corazón puro.
Espíritu Santo, fortalece nuestra oración, purifica nuestros deseos y enséñanos a compartir con generosidad.
Santa María, Virgen fiel, acompáñanos en este camino cuaresmal para que vivamos con sencillez, libertad y amor al servicio de los hermanos. Amén.









