🟢 *Domingo IV del Tiempo Ordinario*
🪔 Mt 5,1-12a
*Lectura:*
Al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:
«Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.
Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».
*Meditación:*
Las Bienaventuranzas presentan el rostro de Jesús y el camino de quienes ponen en Dios su verdadera riqueza. No son ideales lejanos, sino una forma concreta de vivir con pobreza de espíritu, mansedumbre, compasión y deseo de justicia.
En ellas, el sufrimiento se transforma en consuelo, la misericordia crea vínculos y la pureza de corazón abre los ojos para ver a Dios en todo. Ser artesanos de paz y mantenerse fieles en la prueba es participar ya de la alegría del Reino. La verdadera felicidad nace de seguir a Cristo cada día, con sencillez y perseverancia, en lo pequeño de la vida.
*Oración:*
Padre santo, fortalece en nosotros el deseo de vivir las Bienaventuranzas con humildad, justicia y paz.
Señor Jesús, graba tu Palabra en nuestro corazón, haznos consuelo para los que sufren y fieles en la prueba.
Virgen María, enséñanos la alegría del servicio y la pureza de corazón. Que, perseverando en el bien, demos gloria a Dios y mostremos al mundo la verdadera felicidad del Reino. Amén.












