🟢 *Domingo V del Tiempo Ordinario*
🪔 Mt 5,13-17
*Lectura:*
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?
No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.
Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.
Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos».
*Meditación:*
Jesús nos recuerda que somos sal de la tierra y luz del mundo: llamados a dar sabor con la alegría del Evangelio e iluminar la vida diaria con gestos de bondad, justicia y misericordia.
La luz no es propia; es un don para servir con sencillez, sin protagonismos.
Para no perder el «sabor de Dios» por la rutina o el miedo, necesitamos volver a la fuente en la oración, la Eucaristía y la caridad; así, la Iglesia se vuelve una ciudad luminosa donde muchos descubren la bondad del Padre.
*Oración:*
Padre de bondad, te ofrecemos nuestra jornada y pedimos ser sal que conserva el bien y cura las heridas del mundo.
Señor Jesús, Luz verdadera, ilumina nuestra mente y fortalece nuestras manos para obrar con misericordia y dar gloria al Padre.
Espíritu Santo, enciende nuestro corazón, quita la tibieza y el miedo y haznos perseverantes en el bien, aun en lo pequeño.
Virgen María, Madre de la Iglesia, ayúdanos a custodiar y compartir la luz de tu Hijo con humildad y alegría. Amén.

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