🟢 *Domingo III del Tiempo Ordinario*
🪔 Mt 4,12-17
*Lectura:*
En aquel tiempo, al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta
Isaías: «Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló».
Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos».
*Meditación:*
En septiembre de 2019, el papa Francisco instituyó el tercer domingo del Tiempo
Ordinario como el Domingo de la Palabra de Dios. Nos invitaba a «tener familiaridad e intimidad con la Sagrada Escritura y con el Resucitado, que no cesa de partir la Palabra y el Pan en la comunidad de los creyentes [...]. Escuchar la Sagrada Escritura para practicar la misericordia: este es un gran desatio para nuestras vidas». Y hoy, tu Palabra, Señor, nos interpela. Nos habla de cómo ante el arresto de Juan cambiaste tu manera de actuar, de cómo determinadas circunstancias nos conducen a replantearnos nuestro modo de estar en el mundo. Hoy comienzas tu misión en Galilea, entre gentiles y descartados, en los márgenes donde la práctica religiosa se difumina. Y allí llevas luz, ánimo y Buena Noticia proclamando: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos». Tu Palabra inspira, pero no desde el estertor ni el bramido, sino con la gentileza de un susurro, un murmullo que ilumina las sombras con suavidad y esperanza. Que nuestra voz, Señor, se haga eco de la tuya.
Que encuentre su camino a la Galilea de nuestros días. Que sea, en su modestia, reflejo de tu Palabra
*Oración:*
Padre santo, gracias por Jesucristo, tu Palabra viva y luz en nuestro camino; despierta en nosotros hambre de la Escritura para escucharla con amor, guardarla y vivirla cada día.
Señor Jesús, que nos llamas a seguirte, haznos disponibles para la misión y convierte nuestros hogares en escuelas de discipulado.
Espíritu Santo, abre nuestra mente para comprender la Palabra y enciende en nosotros el gozo de anunciarla.
Santa María, Madre de la Palabra hecha carne, enséñanos a escuchar, para que, iluminados por Cristo, caminemos como un solo pueblo, sirviendo con amor y esperanza. Amén.

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