🟣*Domingo III de Cuaresma*
🪔 Lc 13,1-9
Por aquel tiempo fueron unos a ver a Jesús, y le contaron lo que Pilato había hecho: sus soldados mataron a unos galileos cuando estaban ofreciendo sacrificios, y la sangre de esos galileos se mezcló con la sangre de los animales que sacrificaban. Jesús les dijo: “¿Pensáis que aquellos galileos murieron así por ser más pecadores que los demás galileos? Os digo que no, y que si vosotros no os volvéis a Dios, también moriréis. ¿O creéis que aquellos dieciocho que murieron cuando la torre de Siloé les cayó encima, eran más culpables que los demás que vivían en Jerusalén? Os digo que no, y que si vosotros no os volvéis a Dios, también moriréis”. Jesús les contó esta parábola: “Un hombre había plantado una higuera en su viña, pero cuando fue a ver si tenía higos no encontró ninguno. Así que dijo al hombre que cuidaba la viña: ‘Mira, hace tres años que vengo a esta higuera en busca de fruto, pero nunca lo encuentro. Córtala. ¿Para qué ha de ocupar terreno inútilmente?’ Pero el que cuidaba la viña le contestó: ‘Señor, déjala todavía este año. Cavaré la tierra a su alrededor y le echaré abono. Con eso, tal vez dé fruto; y si no, ya la cortarás’”.
*Meditación*
En el relato del encuentro de Moisés con la zarza ardiente, Dios se revela como aquel que está siempre presente, que escucha el clamor de su pueblo. El salmo nos invita a contemplar la compasión y la misericordia de Dios, en medio de nuestras debilidades y pecados. La carta de san Pablo nos exhorta a aprender de los errores del pasado y a no ceder ante la tentación de la incredulidad. En el evangelio de Lucas, Jesús nos advierte sobre la necesidad de convertirnos y volvernos a Dios.
En los escritos del Nuevo Testamento, «metanoia» es un término griego que se traduce comúnmente como «arrepentimiento». Sin embargo, implica un cambio profundo en la mente, el corazón y la dirección de la vida. Implica abandonar viejas formas de pensar y comportarse, y adoptar una nueva mentalidad y estilo de vida que refleje el reino de Dios.
*Oracion*
Señor mío, que pueda abrir mi corazón a tu gracia y tu misericordia, permitiendo que me transformes y me lleves hacia una vida plena en tu amor. Amén.
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