Jesús da la vista a un ciego y al mismo tiempo quiere abrir los ojos a muchos hombres que se resisten a ver o se sienten seguros de sí mismos. La fe del ciego de nacimiento pone en evidencia la ceguera e incredulidad de muchos. La luz denuncia a las tinieblas, hace patente la oscuridad. Los cristianos hemos recibido la luz de la fe y Cristo nos ha liberado de las tinieblas. La permanencia en la luz es gracia y es abertura al don recibido. Ser bautizado es estar ungido por el Espíritu. Este espíritu es de servicialidad y disponibilidad hacia Dios y hacia los hermanos. El bautismo nos ha iluminado y ungido en Cristo. Como el ciego del evangelio recibimos la luz para anunciarla. Somos luz para llevarla a los de cerca y a los de lejos. Es necesario que la luz de Jesucristo sea aceptada, proclamada y defendida
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